Contrariamente a Jean-François Millet, que desde su llegada a Barbizon se convirtió en el pintor de las labores del campo y de las escenas intimistas de la granja, Théodore Rousseau es el de los montes altos y de los claros en el bosque. Se le apodó “el eterno rechazado de los salones” pero, sin embargo, era mucho más conocido que Millet cuando se instaló en Barbizon, hacia 1844.
Es el pintor excepcional de la luz, y su iluminación de los montes altos, en cada hora del día, abrió el camino a los impresionistas, que no tardaron en suceder a los paisajistas de Barbizon.
Los temas de sus cuadros están extraídos principalmente de los parajes del bosque de Fontainebleau, en cuyo lindero se instaló definitivamente, en el pueblo de Barbizon.
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La Casa Taller de Théodore Rousseau es actualmente el anexo del museo departamental. Esta pequeña casa rinde homenaje a su antiguo propietario y en ella se organizan exposiciones temporales.
Desde finales del siglo pasado, el granero, que le sirvió de taller para trabajar y recibir a sus amigos durante los fines de semana, es la capilla de Barbizon.
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