Al final del reinado de Luis XIV, dos financieros con poca fortuna y un capital temporal, se sucedieron para hacer construir esta magnífica mansión según los planos del arquitecto Jean Baptiste Bullet de Chamblain.
El habitante más célebre de estos lugares fue la marquesa de Pompadour, que alquiló el castillo en 1757 y permaneció en él dos años realizando gastos considerables.
Durante un siglo, el castillo pasó de mano en mano antes de ser adquirido por el Conde Louis Cahen d’Anvers que gastó una fortuna en su restauración.
El hijo del Conde donó el dominio al Estado en 1935 y el castillo se convirtió en una de las residencias oficiales de la República, recibiendo a numerosos reyes y jefes de estado extranjeros.
Modelo de arquitectura y de decoración del siglo XVIII, el castillo, cuyo acondicionamiento diseñado por Jean-Baptiste Bullet es testimonio de un nuevo arte de vivir, refleja la evolución del gusto de los sucesivos propietarios. Fue el momento en que aparecieron los gabinetes y los roperos, así como las escaleras secretas comunicadas con los alojamientos de los sirvientes.
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La novedad de un comedor especialmente destinado a las comidas aportó una mejora más. Los salones y habitaciones de la planta baja y de la primera planta permiten descubrir un mobiliario exquisito y decoraciones refinadas. El salón chino posee artesonados pintados por Huet que ilustran los gustos exóticos del siglo XVIII. El salón de música de la primera planta ofrece una magnífica vista sobre la perspectiva central de los jardines.
Una excelente programación musical anima el castillo a lo largo del año. El salón de música presta su acústica excepcional a estos momentos musicales que encantan a los visitantes.
Los jardines siguieron el destino del castillo, unas veces acondicionados con esmero y otras, abandonados.
En 1895, Louis Cahen d’Anvers se inspiró en el plano original para rehabilitar el parque, haciendo cohabitar jardines franceses e ingleses. Las particularidades más excepcionales de uno de los más hermosos jardines de Ile de France se deben a sus terrazas en pendiente suave, a los arriates de bordados y a la geometría de las alineaciones de árboles.
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