También fue en Fontainebleau donde Napoleón Bonaparte pasó sus últimos días antes de su abdicación en 1814 y su destierro a la isla de Elba. Luis Felipe fue el primer soberano que decidió restaurar el conjunto del palacio. El restablecimiento del Imperio, en 1852, devolvió a Fontainebleau una importancia considerable. Napoleón III sentía una auténtica predilección por el castillo y residió allí regularmente con la corte.
Instalado en el ala Luis XV, el museo Napoleón I evoca al emperador y a su familia, a través de numerosos objetos de su vida cotidiana, las armas utilizadas en campaña y los regalos recibidos.
El museo chino, acondicionado bajo la emperatriz Eugenia, presenta objetos de arte de Extremo Oriente.
La sala del “jeu de Paume” (juego antecesor de la pelota vasca), considerada como la más antigua entre las tres existentes en Francia, recibe al público para demostraciones o iniciaciones.
El dominio nacional acoge cada año al Centro Europeo de Música de Cámara con los Conciertos ProQuartet que reúnen a grandes maestros y jóvenes músicos profesional.
Los jardines a la francesa de Le Nôtre, el jardín inglés, el antiguo jardín de la reina con su fuente dedicada a Diana, el laberinto de bojs o incluso el patio de los Adioses están abiertos al público todo el año. También se proponen paseos en barca por el Estanque de las Carpas o un paseo en calesa.
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El Dominio Nacional del Palacio de Fontainebleau está clasificado en el patrimonio mundial de la humanidad por la UNESCO. |
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