En este espacio que se extiende sobre 1.500 metros de largo, desde la verja de entrada hasta la lejana estatua de Hércules, y en un ancho como promedio seis veces menor, el castillo domina la inmensidad de verdor sea cual sea el punto desde el que se observe. Esta impresión de posición “reinante” en un espacio tan extenso es simbólica del ascenso del señor de la casa. Debido a la excepcional utilización de las leyes de la perspectiva y de la óptica, el jardín da la agradable sensación de ser abrazado en su totalidad desde el primer vistazo; pero esta sensación es una ilusión, voluntariamente mantenida por el talento de LE NÔTRE. Así, a unos cuantos minutos del castillo, las grutas que parecen elevadas sobre el borde del estanque cuadrado, se alejan cuanto más nos acercamos a ellas. De pronto, a los pies del paseante la cinta de luz de un gran canal emerge de un valle transversal hasta entonces invisible, y revela la verdad al espectador engañado: en realidad, las grutas están construidas al otro lado de este valle insospechado.
Un inmenso parque de árboles frondosos constituye el marco de este jardín de la inteligencia en donde otras sorpresas encantan los paseos de sombra y de sol.
Para facilitar el acercamiento a esta naturaleza transformada en obra de arte por LE NÔTRE, los paseantes tienen a su disposición algunos coches eléctricos.
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